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Mamá necesita sostén

  • gabyveghazi
  • 17 ago 2023
  • 2 Min. de lectura

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Una cincuenta de la mañana, después de lo que para mí fueron mil horas de trabajo de parto, M cruzaba del otro lado de la piel. Por fin nos veímos cara a cara. Por fin tenía a mi beba en brazos.

Alegría infinita, emociones a flor de piel, agotamiento, dolor y mucho miedo. La mañana siguiente, bien temprano trajo las primeras visitas. Abuelas que se peleaban por quien la tenía primero a upa, tíos ansiosos por estrenar su título y un desfile de personas que parecía no terminar. Todos muy interesados por conocer los pormenores del parto, la lactancia y el sueño de la beba, en esa primera noche de vida. Todos preguntando como estabamos...¿Cómo estabamos?

¿Quienes de los nos que vinieron a visitar, tanto en el hospital como en casa, realmente preguntaron por mi? ¿Quién realmente mira y se preocupa de la mamá?

Cuando ella nació, no nació solo ella. Nací yo también. Nací como mamá. Ese sueño materializado inundaba todo mi cuerpo y alma. Una mezcla imposible de sentimientos y emociones que ninguna revista, artículo de internet ni otra mamá logró explicarme. Fue como entrar en una nueva dimensión absolutamente desconocida. Me dió miedo y mucha inseguridad. Todos opinaban, todos me dicían como me tenía que sentir y hacer las cosas.

Que la teta se da de tal manera, que son mejores tales pañales, que tenés que estar feliz, que de que te quejas si vos lo elegiste así...

Las primeras horas, los primeros días, los primeros meses, incluso los primeros años pueden ser my desafiantes en diferentes planos.

Reconocer tu nuevo cuerpo, ya sin la panza del bebé, pero tan distinto al que tenías antes del embarazo. Reconocer a esa criatura tan pequeña y dependiente. A la que amas prufundamente, pero que también te agota, la demanada constante y la falta de sueño. Reconocer ese mar de emociones que se llama puerperio. Donde muchas veces nos da miedo o verguenza expresar lo que realmente sentimos, porque creemos que lo estamos haciendo mal.

Una mamá reciente necesita espacio y contención. Apoyo sin juicio, sostén sin opinión. Compañía silenciosa e incondicional donde apoyarse y descansar.

Seamos cada vez más esa persona que nos hubiese gustado tener al lado cuando nos convertimos en mamá y menos la abuela que viene a opinar y dar clase de como de hacen las cosas.

Y si no contás con una persona así cerca tuyo, escribime que yo voy a acompañarte en este camino del puerperio y la maternidad.

 
 
 

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